La desesperación me ha atrapado de nuevo. Ni escribir puedo, excepto en esta tregua que no sé cuánto durará. Resistir es lo único que hago, resistir es lo único que puedo. Voy al psicólogo, voy al psiquiatra, nadie sabe decirme cómo matar lo que me atrapa. O quizás sí lo saben, pero esta ausencia de esperanza es más fuerte que razón alguna. Y desde la razón actúo, porque desde la desesperación moriría sin importar cualquier teoría. La razón es la que me dice que resista.

Pérdida total de la esperanza

No sé qué imbécil dijo eso de que la esperanza es lo último que se pierde. ¿Cuántos hemos perdido mil veces la esperanza y aquí seguimos? No hay sentido en resistir y resistimos. La esperanza sólo es un mecanismo de defensa que algunos perdemos de vez en cuando. Continúo sin esta defensa, sin saber mi rumbo, continúo porque aún resisto a la muerte. La desesperación es una soledad en forma de nada, es un vacío imposible de llenar.

No estamos solos

Y en esta tregua que me da mi desesperación digo que no estamos solos. Siento que no soy el único desesperado, sé que no lo soy. Somos muchos, pero pocos lo decimos porque un desesperado no es atractivo en este mundo tan «atractivo». Siente tu desesperada soledad sabiendo que hay otros y otras que sienten igual. Es un precio que tenemos que pagar quienes esperamos una vida de felicidad. ¡Qué ironía esperar sin esperanza! Así es este juego.

Equilibrio

Y a veces de la peor desesperación paso a la mejor de las esperanzas por mi más que probable trastorno bipolar. Sin problemas en reconocer que no estoy cuerdo, que estoy desequilibrado sabiendo que en ocasionas me equilibro. Todos tenemos problemas, y más si los niegas. Sin problemas niego lo que no soy y afirmo lo que soy. No soy del todo bueno, no soy del todo malo, ¿será que soy un ser equilibrado?

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