El diablo ordena a sus demonios conquistar la bondad para pervertirla en maldad. Conquistan almas con las que su señor se alimenta de placer. Todos los demonios son poderosos. Se divierten en su trabajo cuando vencen. Los mortales por debilidad perecen ante la humildad. La transformada maldad se transforma en un demonio más.

Hay un demonio dentro de mí, uno al menos. Cuando me controla me hace ser lo que no soy. Cuando soy lo que no soy me convierto en el mismo diablo. Y el diablo ríe al ver en mí a sí. Soy débil, no tengo fuerzas para no caer en tentación. Hago daño a quienes quiero y yo termino dañado, que es lo de menos. Estoy irritado y estallo en cólera, estoy vencido, escucho risas, ellos se alegran.

El diablo es mi señor, todo me falta

Ahora soy un demonio nuevo, escapar ya no puedo. Ahora yo tu mal persigo, escóndete de mí que soy ladino. Vencido tras vencido en legión nos convertimos. El diablo tiene en mí un nuevo juguete, su ejército crece. Soy malvado y estoy maldito. Dominaré tu alma y perecerás entre tu llanto de despedida. Ríndete a mí para que mi señor me haga más fuerte en maldad. Yo acepto a mi ser perverso mientras tú cuentas tus bondades sin maldades. No eres diferente a mí, no soy justo, no eres justo.

En el infierno los hipócritas tienen un extenso territorio donde juegan a ser bondadosos. Eso eres, eso somos casi todos. Sólo quiero enemigos, a nadie mendigo. En mi maldad me ahogo. En el infierno también hay traidores de traidores.

Una pesadilla he tenido, la salvación he pedido. ¡Que alguien me ayude, que alguien me salve! El infierno no es eterno, el diablo así cree engañarnos. Aquí mi fuerza sólo causa mal. Me redimiré porque un día humilde seré. Restos de mí se desaniman con facilidad, ya no quiero ser maldad. Aquí me robaron mi ánima, me robaron todo.

infierno

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