¿Sabías que la música ni se escucha ni se oye? Sólo puede sentirse. Aunque del sentir hablaré otro día que me sienta más inspirado.

Me ha dado por escuchar al Sabina (antes de nada discúlpeme Sr. Sabina, entono el mea culpa por ser un pirata de sus mp3 creo que lo entenderá). Desconozco si esto es una confesión de un delito pero si usted me denuncia, como comprenderá, yo lo niego todo.

Quería escribir y escribir pero no me salía esa cosa llamada inspiración. He aquí que sin saberlo a mis oídos llega el Sabina, y me da por pensar con el alma. Tal vez la inspiración sea eso, un instante de alma sentida. No hay diferencia alguna entre la física cuántica o un cerdo, o diferencia de un apocalípsis a un amor. Nada diferencia a un dios de un diablo, nada diferencia cualquier cosa con un Sabina.

Mi relación con Sabina

Nunca tuve relación directa. Lo más cercano fue allá por inicios de los 90 en un concierto en la plaza de toros de mi ciudad. Creo que comencé viéndolo con un litro de calimocho en el ruedo y algún litro de cerveza. No recuerdo bien cómo terminé viendo el final del Sabina en la grada o en un palco y con un par de cartones de vino Don Simón. Creo que salí con más bebida en las manos de la que pudimos colar en la entrada.

Sabina, de profesión perroflauta

Ahora lo llaman perroflauta, pero ni mucho menos es su única profesión. Es jeta y caradura, honesto sinvergüenza confeso. Un mentiroso poeta de verdades.

Cuando comenzó mi adolescencia, allá por el 1988, comenzaba a escuchar a este tío que ya entonces tenía la fama, esa fama que nunca termino de saber qué es.

Mis primeras impresiones o sensaciones cuando comencé a escuchar al Sabina eran sensaciones de repulsión. No entendía cómo alguien con esa voz tan……. tan tan… podía ser famoso. Pero no es que no entendiera al Sabina, no entendía que a la gente le gustara. Incluso compraban sus cassettes y discos de vinilo en El Corte Inglés. Incluso cuando empezaba con mi pandilla a entrar a pubs y baretos low cost casi que sentía una especie de tortura que entraba en mis oídos cuando salía alguna canción del Sabina.

Creo que me parecía muy vulgar y simplón, creo que eso es lo que sentía, vulgaridad y simpleza en lo que la gente llamaba música.

Yo equivocado por inocente ignorante, pero quizás tampoco masas mansas acertaban.

Ya con mis 43 años, y desde hace ya un par de décadas y con más heridas de las que me hubiera gustado tener, comencé a atisbar lo que podía ser este personaje. Mientras escucho a este loco comienzo a sentir su mala influencia en mí. A mi parecer uno de los mejores cuenta cuentos que he leído nunca.

Ahora mismo creo que no es músico como dicen muchos. Me decanto más en pensar que es un poeta que predica su soledad borracho en el desierto riéndose de esta broma que llaman vida.

He llorado por una princesa con princesa. Nunca supe ni sabré quién te robó el mes de abril, pero si te lo robaron ¿te hizo bien? Yo tuve un amor que no murió, no puede morir y por eso morí.

Discúlpeme de nuevo porque creo que le puede joder que le llamen Sr Sabina. Pero me tendrá que disculpar, porque me educaron en un colegio de curas donde me enseñaron, que a toda persona mayor en edad o autoridad a uno, se le debe llamar de usted. Y usted cumple los dos requisitos.

Mis respetos Sr. Sabina, le agradezco haberme ayudado a escribir recordando sentires.

Joaquin Sabina

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