Muchas veces me he preguntado por las razones u origen del sufrimiento. Hace unos años conseguí mi respuesta; el sufrimiento lo es en tanto a su carencia de sentido. Carece de razón, y lo que no comprendemos nos duele. He leído muchas veces competiciones de sufrimientos, como si sufrir más te hiciera mejor persona. El sufrimiento se mide en intensidad, nunca en experiencias, aunque la mayoría piense lo contrario. La intensidad de un dolor se puede resistir o no, dependiendo de la resistencia de cada persona. No sufre más alguien que ha perdido a toda su familia en un accidente, que otra persona que ha perdido a su mascota. Quizás el amor de perder a su mascota es más intenso que el amor de quien pierde a su familia.

El sufrimiento muere cuando dejamos de hacernos preguntas vacías, que son la mayoría de las veces. De nada sirve empecinarse en comprender lo que sentimos. Creo que, estar en paz con uno, mismo es la más alta muerte de todo dolor. La paz aparece cuando el sufrimiento duerme. Dormirlo para siempre es nuestro cometido en la vida. Preguntar, sin esperar nada a cambio y sufrir, están íntimamente relacionados en su sentido inverso.

El sufrimiento es maestro de negaciones positivas. Todo lo que puede hacerte un bien se puede convertir fácilmente en impotencia y frustración. El sufrimiento es soledad y la soledad es sufrimiento. Me parecen sinónimos. Sufrimiento y soledad es ruído, y del ruído nada bueno sacaremos. En esta vida solo existen respuestas emocionales. Busquemos el silencio de las preguntas que nos atormentan y que no tienen respuesta lógica.

Sufrimos porque sufrimos ante las respuestas que no encontraremos. No debemos buscar donde no hay, no intentes explicar lo que no tiene explicación, no hables a quien no quiere escuchar, no escuhes a quien te da respuestas pasajeras. La respuesta a todo es inamovible, y aparece cuando superamos nuestro deseo de preguntarnos ese todo.

sufrimiento

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